top of page

El drama de mi escritura


Hace meses que no publicaba una entrada en este espacio, pero no es que no quiera o no tenga nada que contarles, porque les juro que tengo un montón de entradas en la papelera que nunca terminé de completar y que se quedarán en ese oscuro rincón hasta que decida que es tiempo de borrarlas definitivamente. ¡Cierto! También tengo otras cinco que me miran de forma despectiva desde la sección de los borradores y que de seguro tendrán el mismo destino cruel. Pero la verdad es que el 2025 fue un año bastante agitado para mí, donde toda mi energía se agotó tanto en completar el primer borrador de "Proyecto Greco" como no volverme loco con los excesos laborales que cayeron sobre mis hombros, cosa que, obviamente, no logré, porque mi cordura se terminó yendo por el caño (al menos pude terminar el primer borrador).


En fin, el año estuvo lleno de cambios que prometían algo bueno, y en parte fue así, pero hay tantas cosas que todavía necesito sanar, y estos cambios, a pesar de que me ayudaron un poco, siento que no fueron lo mejor debido a las fracturas que todavía llevo conmigo y que durante este año se sumaron unas cuantas más. Además, no he dejado de sentir muchísima nostalgia y he comenzado a pensar que tal vez se esté convirtiendo en mi sentimiento favorito; creo que ese sentimiento es lo que me hace volcarme a este blog a escribir un poco, tal cual como solía hacer en el primero que abrí ya hace muchísimo tiempo atrás. Este año también me costó un poco ordenar las ideas en mi cabeza y siento que ha sido en gran parte al exceso de trabajo y estrés que he venido sumando desde febrero.


Pero, otra vez, algo dentro de mí cambió, y decidí tomar toda esa nostalgia y usarla como combustible para ponerme manos a la obra y dedicarle el tiempo que realmente se merece esa siguiente novela que tanto deseo contarles. Y con esta intensidad que acabo de adquirir, es cuando siento que necesito más que nunca hablar de lo que leo, de los anime que estoy viendo, y evitar a toda costa cualquier tema que esté relacionado con la arquitectura, ya que este último es uno de los grandes succionadores de energía que he tenido este año. Desde febrero no he hecho otra cosa que trabajar y trabajar hasta que mi cuerpo no pueda más con el fin de tapar una maldita herida, cosa que me ha salido mal, porque incluso llegué a un punto donde he comenzado a aborrecer mi profesión.


No me estoy quejando de tener trabajo, para nada, pero sí echo de menos esos tiempos en que solo me dedicaba a diseñar y asesorar al cliente, o hacer diseños solo para mí con el simple fin de dejar desbordar mi creatividad, pero entre estar al frente de una construcción, lidiar con un personal que parece más un grupo de alumnos de primaria, un jefe que detesta que tengas vida más allá del trabajo, y pagar las cuentas, no me queda mucho de donde escoger.


Pero dejando de lado todo eso, de lo que quiero hablar es como está siendo mi proceso de escritura con esta novela, pero antes de comenzar, es necesario ponerlos en retrospectiva.


"Espíritus" fue mi primera novela oficial y escribirla fue un impulso bastante loco de adrenalina, una novela que escribí completamente por instinto y que yo mismo fui descubriendo con cada capítulo que finalizaba. Las ideas y cada palabra brotaron de mis dedos con una naturalidad que a estas alturas de mi vida me parece insólita, y cuando la acabé, no recordaba haber sentido en mi vida una descarga de emociones tan grande como la que tuve en aquel momento. Total, no sabía lo que hacía, ni como lo hacía, pero de alguna forma lo hice y pude completar esa historia.


El segundo libro fue una historia distinta. Tiempo después de haber terminado "Espíritus", comencé a escribir otra vez por instinto (cierto, a eso se le llama brújula), algo que mantuve hasta las 20.000 palabras aproximadamente de "Príncipes Infernales". Sí, las palabras fluyeron con naturalidad, pero llegué a un punto muerto, donde ya no me sentía cómodo y no toleraba ni la historia ni los personajes. Las ideas ya no brotaban como las flores del jardín de mi papá, era incapaz de encajar con coherencia las ideas que me venían con lo que ya tenía, y los personajes se volvieron tan planos como una pared que se ha comenzado a caer a pedazos. Y fue ahí cuando me di cuenta de que esta historia me había sobrepasado.


Sí, mi propio libro era demasiado complicado como para que pudiese escribirlo, así que decidí abandonarlo y fingir demencia.


Fue entonces cuando escuché "I Fell In Love With The Devil". La musa que necesitaba para que las ideas volvieran y un nuevo orden comenzara. Las ideas comenzaron a venir, y era tal el torbellino que decidí organizarme mejor y pasar de escribir en brújula a mapear. A investigar, trazar numerosas escenas, escenarios, trasfondos que doblé, torcí y estudié hasta que le encontraba sentido. Y de pronto, ya me encontraba escribiendo y en seis meses completé el manuscrito definitivo de "Príncipes Infernales". Para las siguientes dos secuelas de este libro utilicé la misma metodología, pero fui más minucioso, ya que el nivel de complejidad del tema que estaba abordando incrementó por mucho, por lo que el proceso fue aún más exhaustivo; demoré un año en terminar "El Séptimo Sello", libro que me dejó agotado, pero que valió la pena debido a los elogios que se llevó por parte de los lectores, y más aún, porque se pudo observar un crecimiento en mi escritura. Y para "El Ascenso Del Dragón Rojo" solamente me tomé 3 añitos, una novela que me dejó completamente exhausto y la más difícil que había escrito hasta el momento. Con el cierre de esa trilogía, me sentí feliz y orgulloso de mi trabajo ya completado, de lo que había logrado, y por primera vez en tres años me sentía aliviado de que la historia por fin llegaría a los lectores.


Y después de la avalancha que supuso la trilogía de "Los Siete Pecados Capitales", de verdad creí que por fin lo había logrado, que después de pasar por dos procesos tan diferentes y la escritura de cuatro libros monstruosos, de pasar por tantas subidas y bajadas en mi autoestima, por fin ya iba a saber cómo rayos sentarme en mi escritorio para iniciar con una historia. Y la verdad es que, a mediados de junio del año pasado, cuando por fin me dije que ya había sido suficiente depresión por un corazón pisoteado y escupido, y que era momento de continuar, me di cuenta de que, otra vez, no sabía qué coño hacer.


Una vez más me sentí asustado, y todavía lo sigo estando, porque es la primera vez que planifico y escribo una novela romántica, un género al que le suelo huir y un sentimiento que decidí enterrar en lo más profundo por miedo a ser lastimado nuevamente, sin embargo, he ido avanzando poco a poco en este proyecto, y en parte se debe a la nostalgia, porque he decidido contar esta novela en un tiempo en el que realmente era feliz y del que todavía mantengo vivo muchos recuerdos agradables.


Sí, realmente me asusta un poco escribir esta novela, sobre todo de la forma en que la estoy haciendo. Me he debatido incansablemente entre la rutina, que me ha ayudado a avanzar tanto en la escritura como en la planeación de la historia, y entre el no saber si estoy disfrutando el escribir de una manera tan mecánica, con un horario tan marcado que no solo me hace sentir como un robot, sino que me hace sentir que realmente sigo atrapado en mi asfixiante trabajo, porque realmente sé que extraño escribir de manera libre, fuera de un horario como lo era antes y temo que eso afecte a mis letras, que las haga retroceder. Creo que esta es mi peor pesadilla (lo de mis letras) y una de las tantas fuentes de esa desbordante nostalgia (mi libertad).


Por fortuna, el primer borrador ya está listo, y ahora toca poner orden a todo el caos que dejé en ese archivo. Honestamente, no sé si está novela la esté haciendo bien o no, y a pesar de que me está gustando y de que es un libro que de verdad quiero escribir, no dejo de tener muchas dudas sobre ella, y ahora que me encuentro allí, con una de sus fases terminadas, solo queda continuar, porque, por más miedo que sienta, ya no hay vuelta atrás y detenerse no es una opción, porque yo sé que, a pesar de todos los obstáculos que se me puedan presentar, que sé que nunca voy a saber cómo sentarme a empezar una página en blanco o trazar los primeros bosquejos del mapa a seguir sin sentir que estoy estropeando todo, que no lo estoy haciendo bien y que no he entendido nada en estos años, voy a encontrar una manera de llegar hasta el final.



Fotografía: Aaron Burden

 
 

¡SUSCRÍBETE!
Recibe contenido exclusivo en tu bandeja de entrada.

© 2025 Nelson De Almeida

Todos los derechos reservados

bottom of page